Se dice que en África se le llama al “hambre” de dos maneras; la primera es “la pequeña hambre” aquella que es saciada por medio de las superficialidades cotidianas, los placeres, los bienes materiales, el dinero etc. Y la segunda llamada “la gran hambre” hambre que todo ser humano tiene, hambre de aquello más profundo que le da sentido a nuestra vida, hambre de felicidad, hambre de amor, hambre de Dios, hambre de hogar…
En esta ocasión mis líneas para ti no son más que una sincera invitación a que este cierre de año saciemos ese anhelo escondido que tiene todo ser humano: volver al hogar.
Después de un día lleno de actividades, de luchas, logros, decisiones, alegrías, dudas, preocupaciones… Piensa por un momento en la sensación que experimentas al volver a tu hogar.
Si buscamos en un diccionario la palabra hogar encontramos lo siguiente: La palabra hogar se usa para designar nombre de un lugar, donde siente seguridad y calma, proviene del lugar en el que se reunía, en el pasado, la familia a encender el fuego para calentarse y alimentarse.
¿A qué voy con todo esto? Volvemos ahí donde esperamos encontrar paz, descanso, cobijo, donde nos sentimos protegidos y seguros… Si damos un vistazo al camino trazado que recorrimos este año que está a punto de terminar y lo concluimos como uno de esos días con agenda llena, entonces es tiempo de … !Volver a tu hogar!
Sí, volver a ese lugar, que es solo tú lugar, tu terruño, tu nido pero más allá de esto, mi invitación es volver a ti mismo, a tu esencia, a aquello que la vida en su diario caminar vas olvidando de ti y los tuyos.
Volver al hogar para tomar una pausa y contactarte con lo que siempre has tenido más cercano, tú mismo, tus emociones, percepciones, pensamientos y al final reconocer y sorprenderte de algo muy simple pero grandioso: sentirte vivo.
Volver a tu hogar es también transportarte de un estado de cotidianidad y preocupaciones a un estado de cobijo, tranquilidad, reflexión, conciencia, es un tiempo de sellar vínculos creados durante este período, mirar atrás y ver la ruta recorrida, el camino que has trazado con tus decisiones, tus actos, tus errores, mirar atrás y ver de quien echaste mano para seguir avanzando; volver a tu hogar, ahí donde habitan también otros, aquellos que siempre han estado ahí, que no son caras nuevas, pero que verlos cada día es un milagro para reconocer.
Agradecer poder volver a morar tu propio nido, hacerte consciente de tu presente, de tu pasado y crear una proyección a futuro, será seguramente el mejor comienzo del final de éste año.
Toma un respiro para el inicio del año siguiente, conviértete en hogar para otros y ayuda a continuar el camino que otros están trazando, al final todos queremos llegar al mismo objetivo, ser felices.
Sacia tu “gran hambre” de aquello que mueve tu vida, de las cuestiones más profundas que le darán dirección a tu futuro y que tomes un fuerte impulso para comenzar cada vez.
